domingo, 17 de septiembre de 2017

Abel Martínez, jefe de vándalos.

Por: Henry Morel



Desde su llegada a la alcaldía de Santiago Abel Martínez ha sido objeto de críticas constantes por los métodos empleados para organizar la ciudad, pues constantemente sus emisarios emplean método violentos para desalojar un buhonero, retirar una caseta de las crazadas o demoler una escalera que ocupa el espacio público.

No es raro que los enviados por el alcalde de Santiago actúen de esa forma, pertenecen a lo que Carlos Marx llamo lumpen proletariado a los que definió, como la hez de la sociedad que se lanza contra su propia clase, la definición es exacta, pues aunque se destaca su agresión a los haitianos, en realidad estas acciones golpean por igual a dominicanos pobres que se la buscan en  la vía publica en un país donde el comercio informal constituye más del 55%.

No hay solución a la vista por el momento, aunque estamos de acuerdo con que se organicen las ciudades del país, esto es imposible, si no se buscan alternativas de vida para personas, que motivadas por el desempleo se vieron obligadas a improvisar negocios en las aceras, terrenos baldíos y  en los elevados y semáforos del país, mientras no se busquen soluciones se les puede desalojar  y volverán a los mismos lugares o buscaran otros donde vender sus mercancías para llevar el pan a su hogar.

El caso no es único de Republica Dominicana, en la India, país que ocupa el segundo lugar entre los países emergentes, se ven los mercados improvisados, donde el nivel de hacinamiento entre un negocio y otro es tal que la gente se mueve con dificultad para poder adquirir algún producto, en Marruecos la realidad es similar y en Tailandia y otros países, incluso se venden productos en mercados pluviales utilizando botes como tiendas flotantes.

Es la pobreza la que engendra y da lugar a este tipo de situaciones , pero sucede que si esas personas que ciertamente molestan en las aceras y quitan brillo a la ciudad  y que forman parte de ese 55% del comercio no se dedicaran a esas actividades, el nivel de delincuencia fuera mayor y mayores serían los horrores que viviría la sociedad, ante lo cruel de los asesinatos y atracos, no es utilizando vándalos para agredir personas como se va a resolver el problema que constituyen los vendedores callejeros en Santiago, creando oportunidades para esos hombres y mujeres que les permitan suplir sus necesidades materiales de existencia de un modo más digno.


Es condenable ver, que personas sobre las cuales según nuestras fuentes pesan condenas por actos delictivos sean utilizadas por Martínez para sembrar el terror, sobre ciudadanos nacionales y migrantes de la forma más despiadada, la realidad derrota o fortalece el discurso, no basta que el alcalde hable de principios, cuando se hace rodear de delincuentes para que estos ejecuten sus órdenes de carácter marcadamente represivo, no puede alegar ignorancia, porque las denuncias son constantes las imágenes bastante indignantes, es triste ver que un político Dominicano no sea mas que un jefe de vándalos.







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