Desde su llegada a la alcaldía de Santiago Abel
Martínez ha sido objeto de críticas constantes por los métodos empleados para
organizar la ciudad, pues constantemente sus emisarios emplean método violentos
para desalojar un buhonero, retirar una caseta de las crazadas o demoler una
escalera que ocupa el espacio público.
No es raro que los enviados por el alcalde de Santiago
actúen de esa forma, pertenecen a lo que Carlos Marx llamo lumpen proletariado
a los que definió, como la hez de la sociedad que se lanza contra su propia
clase, la definición es exacta, pues aunque se destaca su agresión a los
haitianos, en realidad estas acciones golpean por igual a dominicanos pobres
que se la buscan en la vía publica en un país donde el comercio informal
constituye más del 55%.
No hay solución a la vista por el momento, aunque
estamos de acuerdo con que se organicen las ciudades del país, esto es
imposible, si no se buscan alternativas de vida para personas, que motivadas
por el desempleo se vieron obligadas a improvisar negocios en las aceras,
terrenos baldíos y en los elevados y semáforos del país, mientras no se
busquen soluciones se les puede desalojar y volverán a los mismos lugares
o buscaran otros donde vender sus mercancías para llevar el pan a su hogar.
El caso no es único de Republica Dominicana, en la
India, país que ocupa el segundo lugar entre los países emergentes, se ven los
mercados improvisados, donde el nivel de hacinamiento entre un negocio y otro
es tal que la gente se mueve con dificultad para poder adquirir algún producto,
en Marruecos la realidad es similar y en Tailandia y otros países, incluso se
venden productos en mercados pluviales utilizando botes como tiendas
flotantes.
Es la pobreza la que engendra y da lugar a este tipo
de situaciones , pero sucede que si esas personas que ciertamente molestan en
las aceras y quitan brillo a la ciudad y que forman parte de ese 55% del
comercio no se dedicaran a esas actividades, el nivel de delincuencia fuera
mayor y mayores serían los horrores que viviría la sociedad, ante lo cruel de
los asesinatos y atracos, no es utilizando vándalos para agredir personas como
se va a resolver el problema que constituyen los vendedores callejeros en
Santiago, creando oportunidades para esos hombres y mujeres que les permitan
suplir sus necesidades materiales de existencia de un modo más digno.
Es condenable ver, que personas sobre las cuales según
nuestras fuentes pesan condenas por actos delictivos sean utilizadas por
Martínez para sembrar el terror, sobre ciudadanos nacionales y migrantes de la
forma más despiadada, la realidad derrota o fortalece el discurso, no basta que
el alcalde hable de principios, cuando se hace rodear de delincuentes para
que estos ejecuten sus órdenes de carácter marcadamente represivo, no puede
alegar ignorancia, porque las denuncias son constantes las imágenes bastante
indignantes, es triste ver que un político Dominicano no sea mas que un jefe de
vándalos.

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