En República Dominicana, se habla recurrentemente del respeto al derecho
a la vida, de hecho por presiones de las iglesias el artículo 37 de nuestra
constitución se establece que hay que respetarla desde la concepción hasta la muerte.
Resulta cuesta abajo, que en el caso de la iglesia católica, que fue la que más
influyo, esta tenga inversiones en la mayor fábrica de armamento del mundo, que
en el banco vaticano se lavara dinero proveniente del narcotráfico, actividades
estas que dejan un destello de muerte, pero que aportan grandes riquezas a
quienes se dedican a tan horribles actividades.
Esto no es nada raro, pues en el seno de esta iglesia de forjo la entre
comillas santa inquisición nombre de la fe cristiana se eliminó gran parte de
la población aborigen, se promovieron las cruzadas y se apoyó a potencias que
se disputaban el mercado mundial de las dos grandes guerras del siglo
pasado.
El concordato en nuestro país, permitió a la iglesia obtener beneficios
económicos y privilegios por parte de la dictadura trujillista y a la vez
garantizaba al tirano la eliminación de sus adversarios que se marchaban a
Europa, principalmente a España, a su vez sacerdotes españoles localizaban a
los opositores de Franco en el país y Trujillo le devolvía el favor me refiero básicamente a la iglesia católica, porque es la que mayor
vinculación tiene con el estado, sin embargo las demás no se quedan atrás, por lo menos en lo que se refiere en la
práctica al desprecio a la vida, ninguna de esas iglesias se ha manifestado de
forma crítica contra el gobierno, cuando en una maternidad mueren decenas de
niños por faltas de incubadoras, ninguna ha dicho nada sobre la muerte de unos
quince enfermos renales por falta de equipos en el hospital Ricardo Limardo de
Puerto Plata.
Las iglesias perdieron por el camino el carácter de defensoras de los
desposeídos del mundo, esos a los que Jesús prometió el reino de los cielos,
dejaron de seguir el ejemplo de moisés, que enfrento al faraón, de jeremías que
se colocó frente al rey Joaquín de Judea y esto casi les cuesta la vida.
Los curas y pastores descubrieron que les sale más barato codearse con
las autoridades en vez de enfrentarlas en defensa de los pobres del mundo,
vieron que la fe es un gran negocio y que importan más las ganancias económicas
que la redención de las almas.

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